Caguas – En Puerto Rico, miles de jóvenes dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA) enfrentan una interrupción crítica en los servicios al alcanzar 21 años y salir del sistema del Departamento de Educación (DE). Esta transición, lejos de representar un paso hacia la independencia, se convierte en un momento donde muchas familias quedan expuestas a un escenario de desamparo y falta de orientación.
Ante esta situación, la doctora Jennifer del Valle, fundadora de la organización sin fines de lucro Alternativas para el Autismo, advirtió que la situación ha escalado a niveles preocupantes.
Según expresó: “la falta de servicios para adultos autistas en el país se ha convertido en una crisis silenciosa que impacta directamente a las familias tras culminar la etapa escolar”.
Según la presidenta de la organización sin fines de lucro, aunque el sistema de educación provee apoyo hasta los 21 años, la transición a la vida adulta ocurre sin un plan estructurado, provocando una interrupción abrupta en los servicios y dejando a esta población sin las herramientas necesarias para continuar su desarrollo.
“Durante la niñez y adolescencia, los servicios terapéuticos como: psicología, terapia ocupacional y del habla suelen estar integrados dentro del entorno escolar. Sin embargo, al finalizar esta etapa, no existe un sistema estructurado que garantice continuidad en el cuidado ni orientación para las familias”, explicó la doctora Del Valle.
De acuerdo con la psicóloga clínica especializada en el tema y madre de un joven adulto autista las familias pasan de tener todos los servicios centralizados a enfrentarse solas a un sistema complejo que desconocen. “No hay una transición acompañada, simplemente los servicios terminan”, destacó.
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Entre los principales retos, Del Valle señaló la desigualdad en las cubiertas médicas. Mientras algunos beneficiarios del plan gubernamental cuentan con servicios específicos para el autismo, quienes poseen seguros privados enfrentan limitaciones debido al desconocimiento sobre los beneficios disponibles bajo la Ley 163. A ello se suma la escasez de especialistas capacitados, lo que dificulta aún más el acceso a servicios adecuados para adultos.
Asimismo, la fundadora de la organización sin fines de lucro Alternativas para el Autismo señaló que otro aspecto que agrava esta problemática es la limitada atención a las diferencias en la manifestación del autismo en féminas durante la adultez. “Diversos estudios han señalado que muchas mujeres en el espectro tienden a ser subdiagnosticadas o diagnosticadas erróneamente debido a estrategias de camuflaje social, lo que puede retrasar el acceso a servicios adecuados. En la adultez, esto se traduce en mayores retos en salud mental, incluyendo ansiedad y depresión, así como en una falta de intervenciones especializadas que respondan a sus necesidades particulares”, dijo.
Aunque Alternativas para el Autismo impulsa iniciativas gratuitas para apoyar a esta población, su fundadora reconoció que la magnitud del problema requiere la colaboración multisectorial. De esta forma, como parte de su compromiso, la organización ofrece diversas iniciativas de terapias gratuitas donde se trabajan destrezas claves como: el manejo de emociones, habilidades sociales, adaptación a la vida independiente, universitaria y laboral, entre otros más.
“Hablar de autismo no puede limitarse a la niñez. Es urgente desarrollar un ecosistema de apoyo que acompañe a estas personas durante toda su vida. Por esta razón, exhortamos a las autoridades gubernamentales, al sector privado y empresarial a tomar acción para atender esta problemática de forma integral.
Estas acciones, son fundamentales para garantizar una mejor calidad de vida y una integración plena de los adultos con autismo en la sociedad puertorriqueña.”, concluyó la Psicóloga Clínica.
